Domingo, el 20 de julio, las 14:45. Recién llegado en tren desde Cerbère. Un viaje de nada. En cinco minutos por un túnel por debajo de la montaña. Sin embargo, me siento diferente aquí. Huele diferente. Es diferente. Es España. O Catalunya, como me corregiría la gente de aquí.
Disfruto escribir aquí en mi cuaderno un borrador para Fútbol y Sexo. La mochila contra la pared. Yo contra la mochila. Frente a mí la playa llena de piedras. Más allá la bahía. Y el mar mediterráneo. El sonido de los niños jugando en el agua. El olor a sal. El sabor de la comida rica todavía en la boca. Mejillones al vapor como primer plato. Seguido de una paella. Acompañado por una botellita de vino blanco. Ahora somnoliento. Y solo son las tres de la tarde.
¿Cuántas veces he estado aquí? Port Bou. Un nombre familiar para el viajero hacia España. Aquí o en Cerbère hay que cambiar de tren al entrar o salir de España. Diferente ancho de vía. A menudo tenía una última comida española aquí. O el primer café con leche. Pero ahora no estoy muy seguro de si continuar mi viaje o volver a casa. ¿Es esto un principio o un final? Me encantaría escribir una reflexión filosófica sobre ese tema. Y después vincularla con el comienzo de la nueva temporada del fútbol. Con una transición fluida hacia la supervivencia de nuestro equipo. Y luego algo sobre la impermanencia de las cosas. Pero mis párpados sienten tan pesados. El sol brilla con tanta malicia en el agua azul. Lánguido. Satisfecho. Cierro los ojos.
Las 16.00. La garganta seca me llevó a esta terraza después de la siesta. También es agradable sentarse aquí. Una caña a la mano. La mesita de aluminio pegajoso. Música anticuada del tiovivo en el que los niños se ríen y dejan pasar el mundo. Alcohol de nuevo, es verdad. Pues bien, son vacaciones, tralalala. ¿Sobre qué debo escribir? Mi mente no está en el fútbol. La voz de una niña grita mi nombre. Viene de arriba. Mis amigos y sus hijos me saludan desde las escaleras entre las rocas. Cita exitosa. Voy a guardar este cuaderno en mi mochila. Acabaré mi primera columna de la temporada más tarde. No me he ido de aquí todavía. Aún me queda tiempo suficiente.
1 de agosto de 2003
Rolando de Corazón

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