¡Qué rica es becherovka! El licor nacional. Y qué terraza más fantástica es esta. Con la vista sobre el Moldava. Más allá está el Puente de Carlos. Y el Castillo de Praga que se eleva por encima de todo. Esta ciudad es hermosa. Y acogedora. La forma ideal de finalizar este verano. A pesar de todo eso me siento un poco raro. ¿Por qué? Pues, es un sábado por la tarde. La hora del fútbol.
Ahora probablemente están caminando hacia el campo. Debe hacer buen tiempo en Ámsterdam. El momento ideal para un partido de fútbol. Al final del día. Todo el mundo ha podido hacer sus compras sin prisa. Sol de otoño. La hierba de un color verde virgen. Mi equipo, Taba 5, juega contra los chicos de Taba 3. Será un partido amistoso pero a la vez fanático. Los intereses son grandes. Prestigio. Si pierdes este partido, durante toda la temporada te lo van a recordar. Afortunadamente, ya tengo mi respuesta preparada. ‘¿Perdimos? Pues, eso no significa nada, por supuesto, porque faltaba uno de los jugadores más importantes de nuestro equipo.’ ¿Y qué voy a decir si gana mi equipo? No, eso es muy improbable.
Quizás no debo estar con mis pensamientos en el fútbol en este momento. Pero es así. Porque es tan agradable. Dar un pase por a un delantero. Correr tras un pase profundo de un compañero. Robar el balón de un oponente directo. Ese sentimiento de satisfacción cuando sabes que el juego se está desarrollando bien. Y después del partido las cervezas. Las bromas tontas. A veces una conversación seria. Maravilloso. Ahora será la hora del saque inicial. O quizás todavía no, porque la pelota estará en la zanja que está alrededor del campo. Pieter volverá a disparar el balón en el agua, justamente antes del partido. Como tantas otras veces. Echará de menos mi bronca.
Mi compañera de viaje refleja mi sonrisa y me pregunta en qué estoy pensando. No sé si decirle la verdad o no.
5 de septiembre de 2003
Rolando de Corazon
Epílogo
¿Qué tiene esta entrada sobre Praga que ver con España? Pues, allí empezó nuestra historia de amor. Pero para mis amigos del fútbol Ana era entonces todavía una compañera de viaje misteriosa.

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