Ir al contenido principal

Trevélez

Mientras el sonido relajante de un arroyo suena debajo de la terraza, miro los picos nevados de La Sierra Nevada. Me gustaría subir hasta allí. Es un poco extraño, esa incontrolable necesidad de querer ver el otro lado de la montaña. De ahí viene la satisfacción cuando estás en la cima más alta. Ah, sí, las montañas. A menudo parecen ser tus mejores amigos, pero antes de que te des cuenta, se convierten en tu pareja estable. El cloqueo de un rebaño de cabras me despierta de estos profundos pensamientos filosóficos. ¿Qué habrán hecho los chicos el sábado pasado?

 Ojalá cancelae el partido por la lluvia. Ya sé, es un pensamiento malo, pero no me gusta que todos se diviertan cuando yo no estoy allí. Quién sabe, quizás ganen convincentemente. Un desastre. Significaría que tenga que escuchar todos esas bromas malas el próximo sábado. "Sí, Corazón, no sé qué era diferente, pero el sábado pasado de repente jugamos tan bien."  O: "Corazón, ¿sabes que Marcel fue una revelación jugando en tu posición?" "¿No dijiste que te gustaría tener un poco más de tiempo para escribir tu columna?"

 Pero es más probable que el líder de la competición, Sint Louis, los supere por completo. Aunque sea así, tampoco me gusta perder estos momentos. Porque procesar una derrota puede ser al menos tan divertido como celebrar una victoria. Con unas cervezas, allí afuera de la cantina, todos sentados sobre la hierba del campo. Quizás también hay una bandeja con croquetas calientes. Son los placeres de cada sábado de la temporada.

 Eso no es como debe ser. Estoy sentado aquí, en el lugar ideal para vacaciones, tan lejos de Ámsterdam, pensando en lo que pasa allí en vez de disfrutar el ahora y el aquí. Y todo eso por el maldito fútbol. Eres mucho Corazón, Corazón. Demasiado Corazón.

 Trevélez, 16 de abril de 1999

Rolando de Corazón







Comentarios

Entradas populares de este blog

Port Bou

Domingo, el 20 de julio, las 14:45. Recién llegado en tren desde Cerbère. Un viaje de nada. En cinco minutos por un túnel por debajo de la montaña. Sin embargo, me siento diferente aquí. Huele diferente. Es diferente. Es España. O Catalunya, como me corregiría la gente de aquí. Disfruto escribir aquí en mi cuaderno un borrador para Fútbol y Sexo. La mochila contra la pared. Yo contra la mochila. Frente a mí la playa llena de piedras. Más allá la bahía. Y el mar mediterráneo. El sonido de los niños jugando en el agua. El olor a sal. El sabor de la comida rica todavía en la boca. Mejillones al vapor como primer plato. Seguido de una paella. Acompañado por una botellita de vino blanco. Ahora somnoliento. Y solo son las tres de la tarde. ¿Cuántas veces he estado aquí? Port Bou. Un nombre familiar para el viajero hacia España. Aquí o en Cerbère hay que cambiar de tren al entrar o salir de España. Diferente ancho de vía. A menudo tenía una última comida española aquí. O el primer café con le...

El sábado en el partido pienso en tí.

Es un sábado frío en la ciudad deAlmere. Pero en el vestuario hace calor. Pieter abre la botella de champán. Todos esperamos impacientemente con el vaso de plástico en la mano. Brindamos y después cantamos una canción de cumpleaños. Olvidado parece el partido tan malo. En este momento digo: ‘Cumpleaños o no, Pieter, no estás nominado para el mejor jugador del partido.’ (Una de mis tareas de capitán del equipo era elegir el mejor jugador). ‘¡Y Anton y Richard tampoco!’ Mis compañeros no hacen caso a mis palabras. Justamente cuando todo está tan agradable, Corazón necesita reavivar el disputo que tenían en el descanso. Mientras los copos de nieve caían en revoloteo, los jugadores andamos hacia el vestuario para el descanso. Pero algo se fermentaba en mi cabeza. ¿Cuántas veces yo había corrido como un loco sin recibir ningún pase? Y eso porque Richard prefería driblar aunque había tres defensores a su alrededor. O porque Pieter probaba marcar un gol con un tiro de larga distancia.  O ...

Praga

¡Qué rica es becherovka! El licor nacional. Y qué terraza más fantástica es esta. Con la vista sobre el Moldava. Más allá está el Puente de Carlos. Y el Castillo de Praga que se eleva por encima de todo. Esta ciudad es hermosa. Y acogedora. La forma ideal de finalizar este verano. A pesar de todo eso me siento un poco raro. ¿Por qué? Pues, es un sábado por la tarde. La hora del fútbol. Ahora probablemente están caminando hacia el campo. Debe hacer buen tiempo en Ámsterdam. El momento ideal para un partido de fútbol. Al final del día. Todo el mundo ha podido hacer sus compras sin prisa. Sol de otoño. La hierba de un color verde virgen. Mi equipo, Taba 5, juega contra los chicos de Taba 3. Será un partido amistoso pero a la vez fanático. Los intereses son grandes. Prestigio. Si pierdes este partido, durante toda la temporada te lo van a recordar. Afortunadamente, ya tengo mi respuesta preparada. ‘¿Perdimos? Pues, eso no significa nada, por supuesto, porque faltaba uno de los jugadores má...