Dios mío, qué gusto. Qué idea estupenda de los gestores de este refugio colgar una hamaca entre estos dos árboles. Por cierto, este es el refugio mejor mantenido hasta ahora. ‘!Corazón, aquí hay jaboncillos en los lavabos!’, Wil había exclamado con su voz llena de asombro, poco después de nuestra llegada. ¡Inaudito!Refugi del Gresolet. Tengo que recordar el nombre. ¿Qué hora es? Todavía falta una hora hasta la cena. Muy bien, eso me da tiempo para escribir un poco más. Y para mirar de vez en cuando el pico del Pedraforca allí lejos. Y para disfrutar. Increíble que estuvimos allí esta mañana.
Afortunadamente hicimos la subida sin mochilas. Las dejamos en aquel otro refugio. Allí por cierto no había jaboncillos en los lavabos. Dos hoscos catalanes barbudos explotaban el negocio. Pero sabían preparar una cena estupenda. Butifarra. La salchicha catalana. Mientras el desayuno consistió en lo de siempre en los refugios de la montaña: café de sobre y, sobre todo, muchas galletas.
La subida era fantástica. Pero dura. Teníamos que trepar. Allí, sentados sobre las rocas, mientras comíamos las manzanitas que traíamos, le sugerí a Wil que a partir de ahora nosotros formáramos los dos mediocampistas centrales de Taba 5. ‘¿Pero qué hay de Freek y Koen?’ preguntó Wil. ‘Pues, ellos nunca han subido el Pedraforca juntos.’ Wil miraba pensativo la pendiente rocosa que todavía teníamos que escalar antes de llegar al pico más alto. ‘Un argumento sólido como una roca,’ concluyó finalmente.
Todavía quince minutos para la cena. Tengo un hambre atroz. Y escribir no va muy bien; me falta la inspiración. ¿Sabes qué? Voy a los lavabos para lavarme las manos ampliamente con los jaboncillos. En este momento Wil sale del refugio. ‘Corazón, por si acaso compré dos cervecitas,’ dice, mientras con la cara feliz me entrega una lata. Brindamos. Luego miramos en silencio la cima del Pedraforca, que lentamente se pone roja en la luz de la puesta del sol.
24 de agosto de 2006
Rolando de Corazón

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