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¿Qué horas son, mi Corazón?

Es el domingo por la tarde. Estoy en el metro de Madrid. Estoy triste. No, no es porque me perdí el partido de Taba 5 de ayer. Después del juego, Artur me envió un mensaje de texto. ‘Perdimos 2-1, pero peleamos como leones.’ Unos momentos más tarde seguido por: ‘¡Y yo fui nombrado el Jugador del Partido!’ Resignado, leí los dos mensajes. Eso fue en ese café estupendo de El Círculo de Bellas Artes donde tomamos las últimas copas. Como me gusta estar en España. ‘¿Pasa algo?’ ella preguntó preocupada. ‘Nada. Fútbol,’ respondí y puse mi móvil en el bolsillo de mi chaqueta. Continuamos nuestra conversación.

Pero eso fue ayer. Esta tarde era el momento de la despedida. Viajamos juntos tanto como posible. En la Plaza del Sol descendimos hasta la estación del metro. Sonriendo y a la vez batidos vimos en el mapa de las líneas Estación Esperanza. ‘¡Debemos ir allí!’ Pero no llegamos tan lejos. En la estación Nuevos Ministerios nuestros caminos se separaron. Ella podía continuar hacia Estación Sur, yo tenía que bajar para tomar la línea 8 en la dirección de Barajas. Anduve por un largo pasillo lleno de ecos. Afortunadamente, acabó de llegar la línea 8. Correr. Subir. Mirar el reloj. Muy apretado. Solo tres paradas más. 

Miro las cuatro personas que acaban de entrar al metro. Dos parejas de unos treinta años. Hablan pero la conversación es incómoda. La chica con las botas negras da golpecitos con el pie al pie del chico de la otra pareja. Mientras tanto ella sonríe con complicidad. Lo veo. La pareja de la chica me ve mirando y por eso lo ve también. Se va a un panel con todas las líneas y lo lee ampliamente, sin ninguna necesidad. Los demás se miran. Prueban continuar la conversación. La chica con las botas parece enfadada. Finalmente, llegamos a Estación Barajas Aeropuerto. Los cuatro están en frente de mí en la escalera mecánica. Las relaciones entre ellos serán diferentes desde ahora, sin ninguna duda.

Sin pensar más en el asunto, me pongo en la cinta transportadora. Una cinta transportadora que me lleva a un autobús, un autobús que me lleva a la parte nueva del aeropuerto, un aeropuerto donde el avión a Ámsterdam ya me espera. Los pasajeros ya entran en la pasarela. Rápido compro una lata de cerveza y El País de domingo. Hay que despedirse de España de forma adecuada.

5 de noviembre de 2006

Rolando de Corazón

Este Fútbol y Sexo, publicado en noviembre de 2006 en la revista del club de fútbol Taba, describe un fin de semana que teníamos juntos en Madrid, Ana y yo, como teníamos tantos otros en aquella época. Cada vez despedirnos nos resultó más difícil. 

El título, en el texto original también en castellano, viene de la canción de Manu Chao, con quien, parece, tengo muchas aficiones en común.

Círculo de Bellas Artes


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