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Camping El Forcallo

‘¡Mira, una estrella fugaz!’, grita Freek. Art, Juud, Simone y Corazón siguen la dirección de su dedo indicando, pero están demasiado tarde. ‘Ahora puedes pedir un deseo, Freek’, dice Simone. Por un momento hay silencio mientras experimentan plenamente el esplendor de las estrellas. Corazón rompe el silencio: ‘¡Qué raro! De pronto tengo el impulso de decir que voy a dejar el fútbol. ¿De dónde vendría eso?’ Nadie reacciona. De las dos tiendas donde los padres han acostado a los niños suena una charla alegre. Art vuelve a llenar las copas con vino. La tarde parece deslizarse tranquilamente. Las dos mujeres todavía están cansadas del larga viaje en coche con los niños. En este momento Juud pregunta: ‘Chicos, ¿cómo fue vuestra caminata por la montaña?’  
Había sido una caminata estupenda, que empezó desde este mismo camping, hace 5 días. La mañana era clara pero fría. Sin embargo, quitaban los jerséis cuando subieron hacia el Puerto de Gistaín. Allí arriba tenían el primer almuerzo en la naturaleza libre: pan, queso, chorizo y manzanas. Por la tarde había un descenso fácil hacia el refugio Estós. Por la noche la sala de dormir estaba llena de caminantes malolientes que roncaban. 

El segundo día fue aun mejor. Primero a través de un bosque, a lo largo de la línea del nivel. Luego la subida pasando el límite de la vegetación arbórea. Rocas. Pequeñas lagunas de la montaña. El Collado de la Piana. Cuando descendían al otro lado del collado, Corazón de repente gritó: ‘¡Chicos, tenemos cobertura aquí!’ Inmediatamente, los tres montañeros tan feroces estaban pegados contra la ladera de la montaña, enviando mensajes de SMS a sus tres mujeres. ¡Contacto! Después continuaron la bajada al refugio Ángel Orús, donde las duchas tenían agua caliente. 

Durante el tercer día había dudas en el camino. ¿No deberían subir el famoso Pico de Posets? Significaría que tendrían que subir el camino hacia la izquierda. Con los prismáticos miraron la ladera cubierta de nieve y vieron como montañeros con raquetas y bastones tenían problemas para subir. ‘Un pico no es para subir, sino para mirarlo desde una distancia,’ concluyeron. Y todavía les esperaba mucha belleza. Un valle estrecho con las laderas cubiertas de nieve encima de un lago tan liso como un espejo. La subida difícil del Collado de Eriste. Allí, en el punto más alto de la ruta tenían un largo descanso, lleno de contemplación y admiración. Y al final el descenso de regreso al camping. 

Las dos mujeres están visiblemente impresionadas de tantas aventuras. Olvidada está la fatiga. ‘Mañana nosotras también vamos a caminar,’ dicen con entusiasmo. ‘Pues, pueden hacer la ruta que hicimos ayer, hacia el sitio donde vimos las águilas reales, ¿verdad, Corazón?’ dice Freek. Todos miran a Corazón. Pero él no reacciona. En sus pensamientos ya está viajando. Mañana con el autobús de Ainsa a Barbastro. Allí cambiar al bus hacia Monzón y allí comprar un billete para el tren nocturno. El tren nocturno a Ponferrada. 

3 de agosto de 2007
Rolando de Corazón 

Rolando de Corazón en el Collado de Eriste



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